'Los jóvenes podemos vivir a full, pero sin excesos'

Eugenia Suarez y Mariana Esposito, las chicas de 'TeenAngels' cuentan que “Los jóvenes podemos vivir a full, pero sin excesos” en la siguiente nota a la revista Gente.

Están listas para el regreso de Casi Angeles. Aquí se animan a hablar de todo lo que hoy golpea, conmueve y moviliza a los adolescentes. Mariana Espósito (17, alias Marianella) y María Eugenia Suárez Riveiro (16, Jazmín), se juegan enteras: “No somos zafadas ni inocentes... Nos parece tremendo ver a los chicos tomando alcohol, como si sólo así se pudiera disfrutar de la vida”. Las nenas crecieron, no hay duda.

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Las morochas tienen magnetismo y son irresistibles… Pero dicen que las rubias se divierten más… ¿Puede el color del pelo definir la personalidad? “La única diferencia es un pomo de tintura. Cada una tiene lo suyo. Lo importante es explorar y disfrutar en esta etapa de la vida, ¡pero sin excesos!”, dice Euge (17), que tiene claro que, aunque no lo haya buscado, es referente para muchas adolescentes… ¡Y un libro abierto para los padres que quieren entender qué piensan sus hijas! “La personalidad está marcada por tu forma de actuar en la vida, tus valores, tus prioridades… y yo estoy segura de que ninguna chica piensa que el color del pelo puede definir qué tipo de mujer vas a ser cuando crezcas”, se ríe Mariana (17), a quien le cuesta aceptar que las teens la imitan, pero asume sin chistar la responsabilidad que implica “ser alguien conocido”.
La rubia y la morocha están listas para volver. Y se les nota: no disimulan ni un poquito su ansiedad por retornar a la pantalla de Telefe y al teatro. En abril arranca la tercera temporada de Casi Angeles, la exitosa tira que empezó en 2007 (Emilia Attias y Nico Vázquez son los protagonistas adultos) y el 13 de junio comienzan los shows en el Gran Rex. Mariana Espósito (17 años, Marianella en Casi Angeles) dice que no ve la hora del estreno: “Me encanta estar a full. Y un adelanto para los fans: este año se integran actores y personajes nuevos y la tira da un gran, gran giro”. “¡Y con chicos muy lindos!”, aclara María Eugenia Suárez Riveiro (16 años, alias Jazmín).

La rubia y la morocha crecieron durante el verano, como todo adolescente que se precie de tal. Y ahora –“más maduras”, según revelan– se animan a hablar de todo lo que rodea, conmueve, moviliza y golpea a los jóvenes hoy. Pero empecemos por ellas, que tienen un ingrediente más: son famosas.

–¿Cómo se convive desde tan chicas con la fama sin que se les suba a la cabeza?
Mariana: Sé que todo es pasajero, que un día estás arriba y al otro abajo, que un día soy protagonista y al siguiente no… pero igual elijo esta profesión. De la fama, te digo la verdad, no soy del todo consciente y quizás por eso no me asusta el futuro. Trato de disfrutar cada día. Y creo que tengo un secreto fundamental para llevar todo esto sin rollos: sé que tengo que estar bien acompañada; mi familia me mantiene con los pies en la tierra.

–Son maduras, está bien… ¿Pero no tienen ni un rastro de rebeldía adolescente?
Eugenia: Sí, tengo mis cosas. No soy, ni ahí, “la chica perfecta”. Igual, sé que mis rebeldías no son graves… como cuando me hice el primer tatuaje, a los 14 años. ¡Mi mamá no lo podía creer! ¿Cómo la convencí? Es que soy muy insistente: hasta que no consigo lo que quiero, no paro. Pero está bueno que mis papás me señalen qué cosas tengo que hacer y cuáles no, más allá de que esté en la tele… Creo que es lo que deberían hacer todos los padres, aunque en el momento puedan sentir el temor de enfrentarse con sus hijos...
Mariana: Yo fui rebelde cuando era más chiquita: era insoportable y caprichosa ¡y no me daba cuenta!
Eugenia: Lali, ¿me estás diciendo “insoportable y caprichosa”?
Mariana: (risas) ¡No, Euge! ¡Vos sólo sos perseverante!

–¿Influye la independencia económica para que busquen tener mayor libertad personal?
Mariana: Sí, pero igual siempre pido permiso, incluso para comprarme zapatos y bolsos, que me pueden... Es una cuestión de respeto y convivencia. La plata no me hace más grande ni más madura.
Eugenia: ¡Uyyy! Yo soy más compulsiva. Me gustan los maquillajes, los perfumes, la ropa, las carteras, los zapatos… (risas). Pero sé ponerme los límites… y acepto que me los pongan cuando me desenfoco un poquito…
Mariana: Hablando de límites, me da pena cuando veo que los adolescentes no confían en sus padres, cuando dicen que son “viejos”. No se dan cuenta de que son los que van a aconsejarlos siempre con las mejores intenciones.
Eugenia: Yo le cuento todo a mi mamá porque es mujer, pero confío en los dos.
Mariana: Mis papás siempre saben dónde estoy y con quién. Somos confidentes, pero no jugamos a ser iguales. Ellos son los adultos, los papás; yo soy la adolescente, la hija. Y está bueno que sea así.

–¿Les es más fácil negociar permisos siendo “amigos”?
Mariana: Puede ser…Yo recurro a la frase: “Nunca tengo tiempo, y hoy que puedo ¿no me van a dejar salir?”. Pero, la verdad, es que creo que consigo los permisos porque mis padres confían en mí y yo en ellos. No tenemos medias tintas ni medias palabras.
Eugenia: Cuando te dicen que no, seguro te cae mal, pero hay que acostumbrarse a hablar todo. Que ellos te expliquen por qué no sin quedarse en la frase “porque soy tu padre” y que vos les digas la verdad sin usar esa frase hueca de “pero si van todos menos yo...”.

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–Pasemos al amor. ¿Es inevitable que nazca entre compañeros de escena?
Eugenia: ¡Te juro que es al revés! Estamos tanto tiempo con los chicos de Casi Angeles que somos una gran banda de amigos. Además, soy muy celosa: no soportaría estar con alguien a quien lo acosen las fans; no lo aguantaría. No me veo con nadie del ambiente.
Mariana: Yo sí podría salir con algún actor, pero no con un compañero. Es difícil estar de novia a nuestra edad… El tiempo libre quiero dárselo a mi familia y a mis amigos.
Eugenia: Yo también. Nos encanta mirar películas, ir al supermercado y comprar de todo para juntarnos a comer.

–¿Qué sueños todavía no cumplieron?
Eugenia: Viajar, experimentar en el teatro under...
Mariana: Por ahora pienso en el trabajo, y me siento cantante, actriz y bailarina. ¡Especialmente el hip hop, que me vuelve loca! A mí también me gustaría viajar, pero confío en que en mi país me puede ir muy bien. Sé que con esfuerzo todo llega en la vida, así que no me desespero. No hay que apurarse.
Eugenia: Yo soy más ansiosa: voy a buscar todo, no espero que llegue nada.

–Hablando de ansiedades adolescentes… ¿Casi Angeles refleja lo que viven los sub 18?
Mariana: Refleja una parte de lo que viven los adolescentes, pero sabemos que a muchos les pasan cosas más duras. Tenemos conciencia de que los personajes que interpretamos son referentes para muchos chicos y Cris (Morena) cuida mucho el mensaje, cómo y qué se les dice. Por ejemplo, cuando se habla de sexo, el guión termina en el cuento de hadas y está bien que sea así. Ese mensaje al menos invita a soñar otra posibilidad de la que se ve en muchos otros lugares.
Eugenia: A mí me molesta cuando me dicen que estoy quemando etapas. Sé que me tocó una realidad diferente, pero ¿no queman más etapas las chicas que se alcoholizan todos los fines de semana? Te juro que me da pena, porque no entienden que los jóvenes podemos vivir a full, pero sin excesos.

–Parecen preocupadas…
Eugenia: Sí, somos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor y lo que sienten los chicos. Como el resto, tenemos que estar muy plantadas en la vida para que no nos movilicen las presiones y los malos ejemplos… A mí me encanta ir a bailar con amigas, pero no me gusta el descontrol, no tengo nada que ver con eso. No me van para nada los chicos que se zafan porque tomaron de más. ¿Qué creen que muestran? ¿Qué sienten después?

–¿No les parece que muchos chicos están un poco desorientados?
Eugenia: Tiene que ver con la educación: mis papás me enseñaron a qué decir “sí” y a qué decir “no”, más allá de las cámaras. A veces escucho que otros chicos cuentan que no hablan con sus padres. La falta de diálogo en una familia es algo grave. A esta edad no tenemos la menor idea de un montón de cosas, y necesitamos que los grandes nos guíen.
Mariana: Me parece que no sólo a muchos adolescentes les falta educación, sino que ocurre en todos los niveles: los adultos tampoco se respetan entre ellos. Lo digo porque lo veo y lo escucho.
Eugenia: Faltan ejemplos en la vida cotidiana. Los adultos no se hacen cargo de esto, y a los jóvenes se nos pide la perfección. Te pongo un ejemplo: el cuerpo y las caras perfectas, que es un gran tema. Las chicas piensan que tienen que ser divinas, flacas, espléndidas, porque si no, no van a lograr nada. ¿Y quién les dice lo contrario? Nadie. Muchas madres pasan más horas en los gimnasios, en las peluquerías o haciendo shopping que con sus hijos. Y no digo que no se cuiden, digo que no pongan todo ahí, porque entonces el mensaje es claro: “Lo importante para que te vaya bien es ser perfecta”. Y no es cierto.

–¿Quieren decir que ustedes no se cuidan?
Eugenia: Sí, pero con la comida no. Quiero estar bien, pero no soy obsesiva. Trato de comer sano, pero sin exagerar, y tomo mucha agua. Y lo que sí cuido es mi estudio: el actoral, la voz, el baile, la música. Porque es ahí donde sueño que me vaya bien.
Mariana: Siempre practiqué deportes como un juego, y sé que le hace bien al cuerpo. En mi casa somos todos muy ordenados con la alimentación y eso también hace que mi cuerpo esté bien. Siempre hago todas las comidas. Pero tengo claro que un kilo de más no va a cambiar mi vida, como sí puede hacerlo que no ponga todo mi esfuerzo en mejorar como persona y como profesional.
Eugenia: Siempre está el que te señala un rollito, pero generalmente es alguien que no te conoce. Y hay que aprender a ignorarlo.
Mariana: Yo sigo los consejos de las personas que me quieren. Una cosa es que la gente te conozca porque salís en la tele y otra es el reconocimiento por tu trabajo, porque les gusta el programa. Eso no tiene que ver con mi cuerpo, mi peso o mis medidas.

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–¿Pero son conscientes de que son referentes para muchos chicos?
Mariana: Creo que toman como referentes a los personajes, no a nosotras. No queremos ser el modelo de la adolescente perfecta. Cuando me dicen que les alegro la vida me parece loquísimo, pero trato de no pensarlo mucho; sólo disfrutarlo.
Eugenia: Sí, es verdad. Un poco me asusta, pero no quiero sentirme responsable. Soy consciente de que ésta es la etapa en la que más me voy a equivocar y más voy a aprender, de mí misma y de los otros. Y no quiero sentir culpas pensando que algunos chicos pueden imitarme. Ellos también se tienen que equivocar, y también aprender, pero buscando como modelos a sus padres… no a la gente famosa.
Mariana: Quedate tranquila, no sientas culpa. ¡Para mí estás igual que cuando te conocí en Rincón de luz, con once años! (Risas) Aunque ahora cantás mejor….

–Hablando de música, ¿cómo van los ensayos con Teen Angels?
Mariana: Muy bien, y además ya estoy saboreando el volver al escenario. Me encanta la devolución de la gente. Cuando veo en la platea que alguien llevó un cartel con mi nombre le regalo todo el show a esa persona.
Eugenia: Es increíble la emoción que nos transmiten. Nunca vamos a terminar de agradecerles todo lo que nos dan.
Mariana: Te confieso algo: en ningún momento soy tan yo misma, Lali, como en las giras con la banda. Tengo un micrófono y una banda en vivo y voy haciendo lo que me surge en cada momento. ¡Me encanta! Es el lugar en donde mejor me expreso.

–¿Es cierto que están escribiendo?
Eugenia: Sí, pero todavía no me animo con las canciones. Por ahora describo todo lo que veo, escucho y siento.
Mariana: Yo escribí mi primera canción hace poco y se lo conté a todo el mundo, pero no la mostré porque me da vergüenza; ¡no quiero que se rían! Tengo claro que componer no es algo que pueda hacer cualquiera; es un don. Igual, me tengo confianza ¿eh? Pero quiero ir despacio.

–¿Se sienten casi ángeles?
Eugenia: Tenemos una parte inocente. Con este vestido me siento una princesa, pero es un juego; prefiero un jean y zapatillas.
Mariana: Nadie es totalmente inocente ni totalmente malo. Y nosotras no somos ni inocentes ni zafadas. Somos como cualquier chica que está buscando el mejor camino para llegar a ser una mujer con todas las letras. ¿Será muy difícil?

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